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sábado, 12 de septiembre de 2009

Barra Grande-Sr.Luis Hirata

El encanto de esta travesía fue el ir en la parte trasera de una camioneta disfrutando de las magnificas vistas de pequeñas villas perdidas en el medio de la nada. Todavía existen lugares en este planeta casi vírgenes, conservando intactas su cultura, sus gentes, sus construcciones....

Llegamos a Barra Grande, un pequeño pueblo costero en la Bahia de Camamú. Allí, como hacemos siempre, comenzamos nuestra particular lucha. Preguntar a todo el mundo por posadas económicas. En nuestra mente estaba no pagar más de 20$R. Es recomendable que preguntéis en varias posadas antes de quedaros con una y, por supuesto, pedid una rebaja porque de primera hay un precio para el extranjero y otro para el brasileño. Esto va así con casi todo. Después de caminar y caminar, de preguntar aquí y allá, no encontramos nada que nos convenciese. Encontramos un Hotel que se llama Camino de Santiago (los gallegos, si me descuido, estamos hasta en la Luna). El precio por habitación eran unos 100$R, por lo que se nos escapaba un poco- bastante de nuestra idea inicial, así que seguimos investigando. Muy amablemente nuestros paisanos nos dejaron guardar allí las mochilas, para caminar más ligeros en nuestra búsqueda.

Todas las calles en Barra Grande son de arena, con flores a los lados y palmeras dibujando la costa. El mar escupe coral a lo largo de toda la orilla y hay un silencio sólo interrumpido por las olas del mar rompiendo en los arrecifes.




Eran las cuatro de la tarde todavía no teníamos hostal. En dos horas anochecería. Comenzamos a andar por un sendero y al fondo vimos un cartel que decía "Hirata Hotel". Estábamos a 20 metros de la playa. Parecía un lugar lujoso y caro.
Conversamos con el dueño de la casa, el señor Hirata. Un hombre amable y de buen corazón. Resultó que su hijo vivía en la Chapada Diamantina, cerca de la región del Sertao, donde meses atrás yo había estado trabajando como voluntario en un pryecto de permacultura. Finalmente, el Sr. Hirata, un Paulista de descendencia japonesa y afincado en Barra Grande desde hacía 10 años, nos dijó que podíamos quedarnos allí tres días, y que nos tendría como invitados. Dijo: "si vosotros ayudáis en nuestro pais, alguien tendrá que ayudaros a vosotros".



Estábamos en un hotel de lujo rodeado de plantas, árboles, fresca hierba, duchas exteriores, desayuno completo, una cama gigante y sábanas a estrenar.

Os recomiendo este lugar. El precio es de 70$R. Espero que vayáis allí; así le devolvería en parte el favor a Don Luis Hirata. Es una persona con la que podréis conversar acerca de Brasil y, que desde luego, no va tener ningún tipo de interés oculto hacia vosotros.

viernes, 4 de septiembre de 2009

El Tranvía. O Bonde da Lapa

En Portugués, tranvía se dice “bonde” (se pronuncia “bonyi”). El bonde de Santa Teresa es el único tranvía activo que sigue operando en una ciudad grande de Brasil y en toda Sudamérica. El “bondinho”, como lo llaman los cariocas, comenzó a funcionar con electricidad en 1896 y hasta hoy es una de las grandes atracciones de Brasil. Viaja desde el centro de Río hasta las alturas de un cerro (morro), muy cerca del Cristo Redentor.

El bonde está atestado de locales y de turistas. Hay personas sentadas, de pie y también hay otros que se arriesgan y están colgados en los estribos.En principio el bonde es gratuito si te montas en el en marcha como hacen los locales, sino pagas como 60 centimos R$ algo insignificante.Cuidado con los bolsillos en el Bonde y las camaras de fotos y objetos de valor es un punto frecuentado por turistas y bandidos a la caza de ellos, intentar pasar lo más desapercibido posible.

En el vagón hay una infinidad de nacionalidades. “Andiamo, andiamo!”, gritan unos italianos de Sicilia sentados al fondo. “C´est super!”, dice un francés a mi lado. “Vambora!”, dice un brasileño con impaciencia. Y atrás de mí escucho un seseo en español: “¡Qué tal, voy a tomar unas fotos!”, inconfundible, es una voz colombiana.



El tren arranca y da pequeños saltos, como si tuviera hipo. Sube por un paisaje verde y vemos un cono gris: la catedral de Río. Luego el tranvía pasa sobre un antiguo acueducto, los famosos Arcos de Lapa, y sentimos vértigo, abajo está el barrio bohemio de la ciudad, donde noche a noche se beben mares de cerveza y de cachaça. Vemos la calle Mem de Sá y a lo lejos el bar “Carioca da Gema”.

Santa Teresa es un barrio emblemático de Río de Janeiro. Allí viven muchos artistas e intelectuales. El bonde sube jadeando Santa Teresa por una calle estrecha de adoquines , la arquitectura es colonial, hay muros tapizados de hiedra y, de repente, una balaustrada con el fondo espectacular de la Bahía de Guanabara. Muchas de las casas de Santa Teresa fueron construídas en el siglo XVIII y parece que aquí el tiempo quedó petrificado.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Del Aeropuerto a Lapa

Preguntaba y preguntaba incesantemente hasta que una respuesta me busco a mi Lapa. Ya tenía un lugar al que dirigirme, antes de salir volví a formular otra pregunta ¿Habra algun problema por ir de noche?, me decian que tuviera cuidado que era muy peligroso lo de siempre, no se para que pregunté.Ante la incertidumbre de no saber con lo que me iba a encontrar, ¿donde me dejaría el bus?,¿ donde buscar un hostel?, no conviene andar despistado nunca (los cacos lo perciben),...decidí quedarme una hora más en el aeropuerto hasta que fuera día, estaba con maleta(siempre llama la atención a los cacos) y era mi primer dia en Rio y lo unico que tenía era un folio arrugado con una palabra escrita Lapa.Hay que ser arriesgados en la vida pero nunca suicidas.
Cogi el Omnibus convencional que cuesta cuatro reales y va haciendo paradas, no tenía prisa quería ver despertar la ciudad.Si lo prefieres puedes coger uno que se llama express y cuesta como el doble, en el mismo aeropuerto te puedes informar.Siempre te van a recomendar lo más caro, no siempre siendo la mejor alternativa.
Despues de ver por la ventanilla los grandes contrastes que encierra Rio, sus morros con todas esas casas colgando que conocemos como favelas frente a rascacielos y casonas coloniales.
El Omnibus me dejo en frente del Teatro Municipal, desde allí a Lapa había unos 15 minutos según me dijo el conductor y la reconocería porque tiene unos grandes arcos blancos a la entrada.